Educando en la diversidad

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Sexualidad

Educando en la diversidad

Las formas de vivir y expresar la sexualidad humana son infinitamente diversas porque toda persona siente el amor, el placer y la afectividad de acuerdo a su propio contexto y realidad, sea individual o social. En el desarrollo de la sexualidad interactúan factores “biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales” (OMS, 2006), por lo que las relaciones de amor o placer entre los seres humanos son tan variadas como tantas personas existen. En este post se aclaran los diversos conceptos sobre la sexualidad y su diversidad.

Las dimensiones de la sexualidad dan cuenta de las diversas formas de vivirla y sentirla. El modo en que ello ocurre permite identificar y conocer a los seres humanos como hombres o mujeres, quienes pueden ser heterosexuales, homosexuales, bisexuales o transexuales.

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Dimensiones de la sexualidad

Estas son:

Sexo: ¿Con qué genitales he nacido?

Condición biológica y genética por la cual nacemos con caracteres sexuales primarios masculinos, femeninos o combinados (intersexualidad). Esto incluye órganos sexuales internos y externos, cromosomas y hormonas. Nuestro sexo no determina nuestra identidad ni la orientación de nuestro deseo sexual.

Género: ¿Qué características se asocian al hombre/mujer?

Se refiere a los roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres. Así, el rol sexual o de género consiste en los rasgos de personalidad y pautas de comportamiento socialmente considerados masculinos o femeninos en un marco cultural concreto.

Identidad de género: ¿Con qué género me identifico?

Sentimiento de pertenencia a un sexo es decir, sentirse hombre o mujer. Afecta al modo en que sentimos y expresamos emocionalmente nuestro género.

Orientación sexual: ¿Quién me atrae sexual y emocionalmente?

Está determinada por el deseo natural, tanto sexual, como amoroso y erótico; hacia otras personas. Ésta influye a la hora de escoger a la persona con la que queremos establecer vínculos  emocionales y sexuales. Las personas pueden considerarse heterosexuales cuando se sienten  atraídas hacia personas de distinto sexo al propio. Son homosexuales en el caso de que  la atracción se de hacia personas de su mismo sexo. O bisexuales si se produce una atracción hacia ambos sexos.

Como se puede observar, “ser hombre” o “ser mujer” va mucho más allá de la genitalidad y lo mismo ocurre con la sexualidad…

La diversidad sexual es toda la gama de orientaciones sexuales e identidades de género que forma parte de la vida cotidiana de los seres humanos.

La perspectiva de reconocimiento a la diversidad como inherente a la experiencia humana “significa que todos somos aceptados como personas humanas, con igual poder para participar en la vida social desde nuestras identidades y modos de vida diferentes”.

Sin embargo, a pesar de la riqueza que la diversidad ha representado para todos y todas, las diferencias siempre han sido tomadas por la sociedad para generar exclusiones, injusticias, persecuciones y muertes: porque pensaba diferente, porque tenía otra religión, porque tenía otra cultura, porque tenía otra orientación sexual, o cualquier motivo que me “diferencie” del otro, que percibo como una amenaza.

Nuestra sociedad impone unos modelos que establecen parámetros de comportamiento acerca de qué características son deseables, qué conductas son esperadas, qué formas de pensar son admitidas, y peor aún, qué personas son valoradas y cuáles no.

Trabajar desde una perspectiva que valore la diversidad implica preguntarnos, ¿transformo las diferencias en desigualdades?, ¿me considero mejor que el otro o la otra?, ¿ejerzo o sostengo opresiones?

¿Qué implica entonces incorporar la diversidad como perspectiva de trabajo?

Incorporar la diversidad como eje de trabajo implica desnaturalizar y visualizar las desigualdades generadas a partir de las diferencias y trabajar para que dejen de producirse.

Implica que en los procesos educativos demos mayor importancia a las diferencias, entendiéndose como una afirmación positiva y necesaria de la identidad de los sujetos donde reconocemos la posibilidad de expresarse y ser según las especificidades y singularidades.

Planificar desde la diversidad e incorporar la misma a nuestras prácticas supone superar el modelo dicotómico y binario de incluidos/excluidos.

La diversidad humana nos exige la generación de oportunidades y capacidades reales que permitan desarrollar potencialidades individuales y grupales, en tanto un grupo se fortalece y se enriquece en el respeto de las diferencias y en la integración de las mismas para el logro de objetivos determinados.

Reconocer nuestras fortalezas y debilidades en torno a la diversidad es imprescindible para generar la coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Frente a un grupo cualquiera en una actividad es necesario preguntarnos: ¿qué me genera rechazo?, ¿qué diferencias no estoy contemplando?, ¿qué tipo de discriminación y diferencias son las que me generan más indignación?, ¿a qué luchas y colectivos me adhiero ideológicamente y subjetivamente?

Es necesario entender que no existe una única forma de vivir la sexualidad y que más allá de los términos explicados anteriormente, podríamos considerar tantas “sexualidades” como personas.

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